Escenarios

Extracción de petroleoA las tensiones asociadas a la guerra de divisas se les suman ahora las urgencias por el alza del petróleo

Al inicio de esta primera gran crisis global se oyó hablar mucho, en paradoja sólo aparente, del riesgo de que respuestas proteccionistas generasen – como en la década de los 1930-un escenario que algunos calificaron incluso de desglobalización. Aunque el G20 formalizó solemnes declaraciones de no ceder a esas tentaciones, se fueron deslizando algunas medidas del denominado «proteccionismo de baja intensidad». En 2008, las elevaciones en los precios del petróleo y otras importantes materias primas acentuaron temores que parecieron luego disiparse. Pero a las recientes tensiones asociadas a lo que se ha dado en llamar la guerra de divisas se le superponen ahora nuevas urgencias de las nuevas tensiones al alza del petróleo y otras commodities,resultado de unas fricciones geopolíticas que, de nuevo, muestran las fragilidades del proceso globalizador.

Las respuestas más sensatas a la crisis planteaban a escala global un segundo escenario de reglobalización, expresado en las formulaciones del G20 y en documentos del FMI, bajo el liderazgo intelectual de Olivier Blanchard. Se trata de mantener abierto el sistema internacional, evitando retrocesos que en el pasado tuvieron costes económicos y sociales enormes – incluidos conflictos bélicos de alcance-pero corrigiendo los desequilibrios y excesos que condujeron a la crisis. Los ejes básicos de la reglobalización son tan sencillos de enunciar como difíciles de aplicar: más competitividad para los países que habían acumulado importantes déficits exteriores – empezando por Estados Unidos… y siguiendo por España-y más orientación a la demanda interna en los países superavitarios. China anuncia un Plan Quinquenal (¡qué resonancias tiene esa expresión!) en esa línea, mientras Alemania parece resistirse pasando a encabezar, en vez de la apuesta reglobalizadora, la del retorno a la ortodoxia fiscal.

Un tercer escenario sería sencillamente el retorno a las pautas preexistentes antes de la crisis, lo que muchos califican ya del retorno al business as usual,sin aprender las lecciones de la crisis. Algunos indicios de reamplificación de los desequilibrios exteriores, la descafeinación de las reformas financieras y monetarias, las dificultades para afrontar mejoras en productividad y competitividad de algunos de los países con déficit exterior y las resistencias de los superavitarios a compartir los ajustes de unos desequilibrios en cuya gestación fueron partícipes pero que ahora ven como su reforzada posición les confiere un poder al que no quieren renunciar. Todo ello conforma incentivos a no extraer las moralejas de la dinámica que nos condujo a la crisis. Y con ello asienta la recuperación sobre bases más frágiles de lo que sería deseable y posible.

La peor combinación de escenarios sería olvidar la sensatez del segundo e ir a un mix del primero y del tercero. Justo la combinación aque parecemos encaminarnos.

Juan Tugores Ques
La Vanguardia (10.03.2011)

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