El PP debe gobernar en Andalucía, con el apoyo o el permiso del PSOE. En Asturias debe pasar al revés. Al mismo tiempo el extremeño Monago ha de gobernar con los socialistas. Es urgente que populares y socialistas pacten en todas aquellas circunstancias donde dependan de IU o de los partidos nacionalistas. Tanto unos como otros son fuerzas que se sitúan al margen del sistema y no hay razón para que el sistema les favorezca. Nadie en su sano juicio, es decir, en un juicio no perturbado por la histeria de la representación política, puede creer que la política económica de los socialistas esté más cerca de IU que del PP. Y lo mismo sucede respecto de los nacionalistas: nadie cree que en las filas de populares o socialistas haya quien hable de España como un lodazal de «aguas podridas». Es verdad que el PP y el PSOE no son iguales; pero son entre ellos mucho más iguales que con cualquiera de sus parejas de gobierno extremo.
La colaboración entre populares y socialistas, que tuvo un momento de esplendor en el acuerdo de reforma de la Constitución, debería haberse producido hace muchos años: el ruido político habría bajado y la estabilidad habría favorecido la realización de proyectos básicos; y tal vez se habría encarado mejor la crisis. Cierto que España es un Estado peculiar, con sus autonomías, sus elementos diferenciales, sus lenguas propias e impropias y hasta su nación de naciones. Muy bien. Entre las peculiaridades debe incluirse (descartada la obstinación en un Estado imbécil) una colaboración entre los partidos mayoritarios que quizá no sea tan frecuente y necesaria en otros lugares. Lo que no puede ser es que esa colaboración sea casi inexistente y muy inferior a la que se produce en Alemania, Estados Unidos o Gran Bretaña. En algún momento pudo creerse que UPyD y el movimiento ciudadano traducirían este acuerdo en su papel de bisagra. Pero ese movimiento crece demasiado lentamente.
En cualquier caso, si esta propuesta de acuerdo parece delirante (¡a tal punto ha llegado el delirio!) arbítrese la duración del pacto a la salida de la crisis económica y al apaciguamiento de la política barriobajera del nacionalismo. Dure lo que dure, el entendimiento tendrá efectos pedagógicos.
No desconozco que esta propuesta tiene en los resultados andaluces su alarma y su piedra de toque. Pues bien: yo creo que el PP debe intentar gobernar en Andalucía. Incluso al precio de facilitar la posibilidad de un presidente socialista, ofreciendo compartir el cargo a lo largo de la legislatura. Y el PSOE debe obrar en consecuencia. Asumiendo que los años treinta son solo los que han de venir.
Arcadi Espada
El Mundo (27.03.2012)