España acaba de traspasar su récord del llamado índice de miseria (desempleo + inflación) desde marzo de 1993, un 28,1%, una cifra que dobla la media europea y triplica la de los EEUU
Este año se ha producido una noticia que cierra una época por su carácter simbólico, la de las relaciones laborales contenidas en el pacto social. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) no ha publicado, por primera vez desde 1926, la correspondiente lista anual de países donde se producen los casos más flagrantes de incumplimiento de los derechos sindicales y de los trabajadores. Fue en aquel año cuando la OIT creó la Comisión de Expertos, un comité compuesto por juristas y técnicos independientes cuya tarea iba a consistir en evaluar las memorias presentadas por cada uno de los países.
La Conferencia Internacional del Trabajo, en la que se determinan las líneas programáticas esenciales de la OIT y que se celebra cada año en Ginebra, ha visto como su 101º edición no ha podido refrendar la publicación de la citada lista. La causa, el sabotaje por parte de la Organización Internacional de Empleadores (OIE), la plataforma de representación patronal, que ha impedido, entre otras cosas, la investigación del grave empeoramiento de las condiciones laborales en Grecia y en España.
No habían pasado ni un par de meses cuando Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo (BCE), con un tétrico historial en la gestión pública y privada a sus espaldas (*), presentaba el último informe de este organismo con el santo y seña de la reducción sustancial de los salarios, según sus propias palabras. El derecho a la negociación colectiva y su fuerza vinculante, uno de los ocho convenios fundamentales firmados por la OIT, vuelve a ser el dique de contención contra el que cargan los tecnócratas paneuropeos, y se insiste en acorralar al trabajador en la propia empresa para poder cercenar su sueldo a gusto del patrono. Se derivan todo un séquito de propuestas amenazantes que giran sobre el abaratamiento del despido, la reducción del salario mínimo interprofesional (un congelado y misérrimo sueldo de 641 euros en España) y eliminar la interrelación entre los salarios y la inflación (el aumento salarial medio acordado este año en los convenios bordea el 1,7% mientras que la inflación tras la subida del IVA ha superado el 2,5% previsto). Amén de otras medidas previsibles, favorables al capital transnacional, como las privatizaciones y evitar el proteccionismo sobre determinados sectores.
Ni más ni menos que unos apéndices añadidos a la última reforma laboral decretada en el mes de marzo, el mayor atentado cometido contra el mundo del trabajo desde los tiempos del franquismo, una reforma cuyos primeros seis meses de andadura ya han sido evaluados. Concretamente, el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) ha elaborado un estudio basado en datos ofrecidos por organismos oficiales de la administración como el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y las estadísticas sociolaborales del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.
Como podíamos esperar, dicho análisis es tan sólo el aperitivo de las peores expectativas que albergábamos y un breve adelanto que nos introduce en el infierno neoliberal del futuro próximo. Para empezar, vemos cómo el número de parados se ha incrementado en un 17,8% y los trabajadores ocupados han disminuido hasta un 4,8% en relación con el año pasado. Se han firmado menos contratos indefinidos, han disminuido un 5,8%, y las conversiones en indefinidos caen hasta un 14,3%. Además, observamos igualmente la caída de los contratos temporales, un 4,6%. Y, como remate, también aumenta el número de afectados por los despidos colectivos, un 45,4% entre marzo y junio de este año respecto al mismo periodo de 2011; por suspensión se incrementa un 58,2%, un 38,2% por reducción y un 15,2% por extinción.
Por otra parte, UGT denuncia que uno de los contratos creados por la reforma, una modalidad pensada para PYMEs de menos de 50 trabajadores y tenida por contrato indefinido de apoyo a los emprendedores, no figura como categoría específica y no cuenta con una casilla que recoja sus números concretos. Quedan velados, por lo pronto, aspectos concluyentes como si se acoge a bonificaciones o si está funcionando realmente en calidad de contrato temporal. De tal manera, las facilidades al fraude de ley que preveíamos con esta reforma se están ejemplificando, se resienten los derechos laborales y se contribuye a la gran merma de cotizaciones a la Seguridad Social.
La creación de puestos de trabajo ha quedado en nada, como ninguna reforma laboral ha conseguido crearlos (tampoco lo ha pretendido) hasta ahora. Las excusas de nuestro Ejecutivo y la insistencia del BCE se las ha llevado el viento, pero sí que han vuelto a quedar impresas las huellas de la apisonadora neoliberal, una impronta de precariedad y de derechos dilapidados, de heridas sociales sobre las que se sigue echando sal. Definitivamente, las rentas de capital han superado a las del trabajo tras la reconversión industrial y en el cénit del capitalismo financiero. Demasiado lo sabíamos.
Es en este punto donde nos topamos otra vez con esa fórmula venenosa que es la moneda única, imposible de devaluar por parte de los estados debido a su naturaleza comunitaria, que insta a bajar los salarios para abaratar los productos y estimular, de tal manera, las exportaciones. La situación económica, sin embargo, cada vez es más grave precisamente porque el desempleo, la depresión salarial y los recortes en el sector público han hundido la demanda interna y resulta imposible salir del bucle. La misma OIT ha insistido en ello después de darse a conocer el boletín del BCE, y también ha denunciado que las políticas de rebajas salariales se están transformando en un círculo vicioso que acaba por dinamitar el sector de la exportación. Es así, en efecto, dado que el BCE, brazo político de la banca privada (de la alemana especialmente) en el continente, prescribe estos ajustes a todos los países incluida la propia Alemania.
Este capital monopolista europeo exige tapar sus agujeros a costa de aumentar el grado de explotación directamente (arremetiendo contra el trabajo) e indirectamente (mediante políticas fiscales regresivas y privatizando el sector público). La lucha de clases entre los trabajadores y los patronos dentro de una misma nación vuelve a tener su equivalente en la dialéctica de estados cuando cada una de las naciones pugna por precarizar al máximo las condiciones de vida de sus ciudadanos. Fue el viejo maestro Marx quien mejor supo describir y preconizar este ejemplo de lógica perversa capitalista con rotundas afirmaciones como las siguientes:
‘Todos los métodos de producción de plusvalía favorecen la acumulación y todos los progresos de ésta se convierten, a su vez, en medios de desarrollo de aquellos métodos. De donde se sigue que, a medida que se acumula el capital, empeora la situación del obrero, cualquiera que sea su retribución, alta o baja. Esta suerte de ley determina una acumulación de miseria equivalente a la acumulación de capital. Lo que en un polo es acumulación de riqueza, es en el otro acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, de esclavitud, despotismo, ignorancia y degradación’, Karl Marx, Tomo tercero de El Capital, 1894.
De todos modos, para quienes no confían en las organizaciones provenientes del trabajo, ni que sean tan reformistas y burguesas como la UGT y la OIT, voy a proporcionarles datos emanados directamente desde el capital, incluso sin intermediaciones políticas en este caso. Me refiero a una prueba de la pérdida de poder adquisitivo por parte de los españoles que ha podido constatar el sector de la distribución. En concreto, la multinacional británico-holandesa Unilever, dedicada a la alimentación, la limpieza y la cosmética, ya ha anunciado su decisión de reducir los packs de sus productos para hacerlos más asequibles a los consumidores de España y Portugal, dos de los países en los que esta empresa más ha notado el cambio de hábitos de consumo (un descenso de la media de la compra hasta los 17 euros en nuestro país). Mientras que, por su parte, el presidente del grupo francés Leclerc, otro gigante de la distribución, también se ha expresado en términos parecidos acerca del grave proceso de pauperización sufrido en el sur de Europa.
Así las cosas, en función de todo lo dicho y añadiendo unos Presupuestos Generales del Estado que abundan en los recortes, dejo el siguiente dato para el final: España acaba de traspasar su récord del llamado índice de miseria (desempleo + inflación) desde marzo de 1993, un 28,1%, una cifra que dobla la media europea y triplica la de los EEUU. La subida del IVA, otra de las medidas que nuestro presidente Mariano Rajoy había prometido desechar en un principio, ha supuesto el factor decisivo para que se produjera este fenómeno.
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(*) Mario Draghi fue Director General del Tesoro y Presidente del Comité de Privatizaciones en Italia (1991-2001), cargos que le permitieron privatizar las empresas más importantes del país transalpino, la petrolera ENI entre ellas. El grupo financiero Goldman Sachs fichó a Draghi como su vicepresidente europeo poco después de adquirir el patrimonio inmobiliario de ENI. Ocupando el cargo, se llevó a cabo el fraude en las finanzas griegas que ha conllevado la crisis de la zona euro que todavía padecemos en la actualidad.
Diego Vega es consultor laboral y miembro de Alternativa Ciudadana Progresista
La voz de Barcelona (16.10.2012)