Viernes, 3 de junio de 2016.
Esperando a Godot, esperando a Godot… Que levante la mano el que no tenga un Godot al que esperar. Pasan los buses con retraso y dentro van los revisores, uniformados como mormones. Vaya mierda de huelga. Dentro vamos también, esperando análisis de sangre que traerán tristezas o felicidad, la sentencia de una causa absurda en la que te dejas la piel y el cerebro. Cada cual con su Godot y los dolores de cervicales en el cuello de todos. Pesa, el jodido Godot que no llega. Siempre, siempre, hay una fecha que nos mantiene a la espera.
Lunes, 26 de julio de 2016
Hoy, lunes de finales de julio, acaban de ofrecernos una nueva fecha por la que esperar. Mientras, mueren. Mientras esto escribo, están muriendo. Mientras, también, la web del Ayuntamiento de Barcelona sigue ilustrada con la pancarta “Refugees Wellcome”, como cuando se lanzó el concepto.
Como quién lanza una colonia se anuncian ahora las acciones políticas. En el caso de los perfumes, tras el concepto está el producto; en el de las acciones políticas, está la nada. Las acciones políticas deberían conducir a la mejora del bienestar social. El mercado, en el que se intercambian los productos, ha invadido cada parcela de nuestra sociedad, de la política. Todo es ya susceptible de ser tasado, vendido y comprado. ¿Todo?, no. El bienestar social no cotiza en el IBEX. Es, por lo tanto, la nada. ¿Cómo mesurarla? Ni espacio ni sentido en nuestra sociedad. Igualico que una acción política.
Debido a ello, la nueva fecha por la que esperar es, especialmente, una fecha jubilosa. Nos trae el Nautilus y al Capitán Nemo. El Cosaco Verde ¡Chaas! ¡Plaaf! y a Franz de Copenhague. Es el día en el que Javier Pérez de Andújar leerá el pregón de las fiestas de la Mercé, patrona de Barcelona, de este año. Eso, no tiene precio.
¿Goodfellas? Fue, curiosamente, lo primero que pensé cuando supe la noticia. Más exactamente, después de leer los comentarios al twit en el que la alcaldesa de la ciudad, Ada Colau, daba cuenta de la noticia. Una noticia que es jubilosa, ante todo, porque Pérez de Andújar escribe muy bien y esto es algo que no ocurre con frecuencia entre escritores. “La democracia vibra cuando se la toca. Y en los barrios (barro y sangre) se la tocó como en ningún otro sitio. Barrios normales, en la fila india, en la conga que forman en el estribillo de Gato Pérez”, escribía Andújar a raíz de la noticia, ofreciendo apuntes sobre el posible contenido del pregón.
Al hablar de comentarios, hablo de comentarios como los que siguen:
República Catalana @jordisegura_cat 10 hhace 10 horas
@AdaColau @Anne_Hidalgo @jaumecollboni @sanadrianfever Felicitats per aquesta Mercè personalista i anticatalana. Les entrades a #CanManta?
JanMartosJuntsxSí @obulco2014 3 hhace 3 horas
@jordisegura_cat @montse469 @AdaColau @Anne_Hidalgo @jaumecollboni @sanadrianfever Anticatalans en Comú
purificacio diaz @ciocat27S 4 hhace 4 horasVer traducción
@roger_salmeron @TiletliMixtli @AdaColau Espereu-me asseguts q si no os cansareu
Pensé en la película“¿Uno de los nuestros?”, de Scorsese, porque, con cada elección, quien elige se define, no porque yo pertenezca a un grupo o crea que Andújar debiera de pertenecer a ese no grupo o a otros. Actualmente, la cuestión latente en cada elección y frase que se hace o dice en este territorio de múltiples nombres gira siempre en torno a una dicotomía excluyente, «¿Dónde naciste?», nos preguntan. «En Barcelona», respondemos, Se clava la lanza: «¿pero eres catalán?
Bien es cierto que, para evitar ese tipo de situaciones, se podría obligar, por ley, a todo aquel que vive en Cataluña a catalanizar su nombre y apellidos. No importaría si habla o no correctamente el catalán o si ha nacido o no en Cataluña para poder hacerlo. Lo importante es ser, requisito primordial para ser visible. Si no fuese posible dictar esa ley, no importa. Se realizaría una «consulta popular no referendaria» e, ipso facto, aunque no haya ido a votar ni la llama del Canigó, se empieza a aplicar. Forma más rápida no veo de saber quién es catalán.
Luego, convendría determinar cuántos de aquellos que contestaron “no” eran de otros lugares. Después, definir qué restricciones se establecerían a los originarios de cada uno esos lugares. Si estableces grupos, debe haber diferencias. Si no las hubiere, los grupos desaparecen. Por último, solventar el problema de qué hacer con todos aquellos que se consideran apátridas, otra manera de nombrar a los internacionalistas, huerfanicos ellos.
En vista de las reacciones de desagrado de aquellos que obligan a contestar afirmativamente a la pregunta mencionada, podría interpretarse que, si la elección de Pérez de Andújar como pregonero molesta, por ser delicado en el término, la alcaldesa no debería, por lógica, ser una de las suyas, una de la de los intransigentes a los que molesta el discurso de la periferia que Andújar representa.
Vivir en la periferia ofrece la ventaja de la vista panorámica, al contrario de lo que ocurre con el ubicarse en el discurso hegemónico, centralista, que culmina siempre en el onanismo ombliguil. Con más información, conclusiones más exactas se extraen. Intrínsecamente, además, el ser periférico es, por naturaleza, desconfiado. También por la pobreza, claro. El pobre es débil y el hombre se ceba con el débil. El agredido siempre es un ser desconfiado. Por eso, al periférico, al excluido, le escama que quien ofrece el canal para que se difunda el discurso periférico pertenezca al grupo de aquellos que detentan el discurso hegemónico.
Si recuperamos las declaraciones de Ada Colau, vemos que apoyó la convocatoria de la “consulta popular no referendaria”, aquella organizada por aquellos que obligan a contestar afirmativamente a la pregunta ¿eres catalana? Votó sí, ha declarado, pero (porompompero pero) añade que “nunca ha sido nacionalista ni independentista”. Las preguntas eran, recordemos: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado?”; y, en caso afirmativo, “Quiere que este Estado sea independiente”.
De ahí que al conocer la noticia del nombramiento de Javier Pérez de Andújar como pregonero de la Mercé 2016 me viniese a la memoria el “Goodfellas” de Scorssese. Al invitar a Javier Pérez de Andújar, Ada Colau pretende ubicarse fuera de la centralidad del discurso, donde está la mayoría. Un hombre, un voto, recordemos. Al menos en la ciudad. Sobre todo en la ciudad y las cuentas no cuadran, helas. Como a ratones, nos dan el queso de soy de los vuestros aún siendo Goodfellas.
Sabado, 30 de julio de 2016-07-30
Leo en un titular de La Vanguardia, con fecha de 28 de julio, que “una protesta por manteros revienta a Colau el estreno del contador de inmigrantes”. Al emperador se le ven las vergüenzas. Se le veían hacía tiempo, pero faltaba un niño que señalase las indecencias.
Javier Pérez de Andújar, con su pregón, el pregón de la honestidad que señala las vergüenzas y a los sinvergüenzas, ha dado ya inicio a la “revolución de las periferias”. La pobreza es periférica, ciertos discursos, no los sentimientos; aunque sean nacionales.
La periferia, económica, cultural, no quiere más quesos. Quiere gritarle a emperador y emperadoras que van en bolas. El día de la lectura del pregón de la Merce 2016, nos desplazaremos, puntualmente, al centro desde las periferias. Meros contingentes, nosotros; Javier Pérez de Andújar, necesario.
Iremos a decirles que no queremos más quesos; que queremos buenos libros y rock and roll, también. Hasta entonces, que cada cual aguante su Godot.
Goleor. Periodista
Barcelona, 30 de julio de 2016