Los señores Cazes se despiden

El hotel Lutetia es uno de esos lugares con historia, lo cual se traduce en que fue importante y ahora lo es menos. Cuatro estrellas en París, Boulevard Raspail, rive gauche. Un clásico de las clases acomodadas que tuvo su época dorada entre las dos Grandes Guerras y que llegó con dignidad, estilo y probidad hasta hoy día. Hasta nuestra propia historia española, tan ayuna de hoteles en sus encuentros y desencuentros, tuvo en el Lutetia un momento de entusiasmo ya olvidado. Allí celebraron la primera rueda de prensa tres tipos inconfundibles en su estilo; el catedrático, Rafael Calvo Serer LEER MÁS

¿Sanidad o 1714?

Ahora se llama “la consulta”, como si se tratara de una visita médica, pero es todo lo contrario La política en Catalunya cada vez tiene más visos de convertirse en un chiste, pero como se trata de una frivolidad que afecta a millones de personas y a algunas de ellas les puede costar muy caro, no se puede calificar más que como un chiste macabro. Acaba de morir a los 51 años uno de esos médicos, Albert Jovell Fernández, que unía a su condición de experto en Salud Pública doctorado en Harvard, amén de licenciado en Ciencias Políticas y Sociología LEER MÁS

Alkan, la pianista y el fiscal

Me lo había jurado. Esta vez, nada de mezclar churras con merinas: un artículo limpio, sin segundas intenciones sobre la estupidez, la provocación, los plumillas del jijiji-jajaja y su inclinación erótica a la subvención y al cargo en apariencia “no remunerado”, por patriotismo, como en los viejos tiempos del Movimiento Nacional. Esta vez “de cultura y a secas”, elitismo, según el personal tertuliar y mediático; una historia de esas que pretenden ampliar el horizonte de los lectores que uno juzga melómanos aún sin saber si les gusta la copla, la sardana o si tienen otras pretensiones. Alkan, por ejemplo; uno LEER MÁS

¡Pinocho ha vuelto!

Debo rectificar. Si en un artículo anterior llegué a escribir que no había motivos para reír, admito que las últimas semanas me han ayudado a recuperar una risa tan sarcástica y desmesurada, como no recordaba desde hacía mucho tiempo. Exactamente desde 1990. Por entonces se celebraba el XXXII Congreso del PSOE –no estoy al tanto de que se siga numerando con romanos, porque los jóvenes al parecer no se manejan bien y prefieren los arábigos–. En aquel 32 Congreso de 1990, y aprovechando que se cumplían no sé cuántos años del magistral libro de Carlo Collodi, quise hacerles al tiempo LEER MÁS

Un Ciro Bayo por dos euros

Una de las ventajas que tiene llegar con adelanto a los almuerzos es la de permitirte hacer tiempo buscando alguna librería cercana. Bajaba por Verdi, una de las calles con más encanto de Barcelona, y me detuve en Taifa, que es bastante más que una librería al uso, y donde cada vez que entro hago una leve reverencia en honor al hombre que la creó, José Batlló. Sin él – aún vivo, enfermo y olvidado– es imposible entender la poesía española de posguerra. Quien no tenga en su casa una docena de libros de su colección El Bardo desconocerá nuestra LEER MÁS

La oreja orwelliana

Seguro que se acuerdan de aquella película alemana titulada La vida de los otros. Quien la vio allá por 2006 no puede haberla olvidado. La deprimente historia de un agente dedicado a escuchar a un matrimonio sospechoso de actividades contrarias al Estado. Se trataba de la Alemania comunista y toda la miserable peripecia de este control producía un rechazo visceral. Era lo que George Orwell había descrito sobre el Gran Hermano que nos vigila a todos.

Aseguran que debemos reír

Tengo dudas de que sea bueno para la salud, porque la risa es la manifestación más común de los tontos Se me va el mes de octubre y este es el último sábado para dedicar a una de las singularidades más chocantes de la sociedad en la que vivimos. O lo hago ahora o tendré que esperar al próximo año, en el que quién sabe cómo tendremos el cuerpo para hacer el esfuerzo de sonreír. Porque no sé si ustedes están al tanto de que el primer viernes del mes de octubre, alguna autoridad internacional con escaso sentido del humor LEER MÁS

El deporte como estafa

Nuestra sociedad se hace a todo. Si hay dos expresiones repetidas hasta la saciedad es la del “imperio de la ley” y “presuntamente”. Un tipo mata a su mujer a puñaladas, sale a la calle con el cuchillo y las manos ensangrentadas, se entrega a la policía y reconoce el crimen. ¡Usted escuchará y leerá que la mató “presuntamente”! Vivimos en un país donde los coches chocan “presuntamente”, los atracadores desvalijan “presuntamente”, las gentes mueren “presuntamente”. Y en el fondo, además de una utilización aberrante del adverbio, no hay más que miedo.

Lampedusa

Para muchos de nosotros, Lampedusa evocaba una novela imborrable, El Gatopardo; una brillante y hermosa película de Visconti, casi tan buena como el libro; y el lugar donde fue a morir Domenico Modugno y su Vecchio frac. Se acabaron los sueños y las metáforas bonitas. Ahora Lampedusa se nos ha quedado en una isla y ya habrá dejado de ser ese lugar idílico, como una balsa en medio del Mediterráneo, con sus apenas cinco mil habitantes y una alcaldesa, Giusi Nicolini, exdirectora de la Reserva Marina de la zona; una mujer valerosa ante el poder ciego, sordo y criminal.

Las cárceles identitarias

Desconozco la edad del periodista Marc Marginedas, enviado por El Periódico de Catalunya para ir a la guerra, lo que sí tengo muy claro es que lleva unos 30 días secuestrado por una partida de descerebrados, mitad delincuentes mitad fanáticos de la ley islámica, incorporados quién sabe cómo y pagados por quién sabe quién para luchar en Siria contra el presidente El Asad.

‘Retrato con fondo rojo’

Decía Gregorio Marañón que los españoles contaban su vida al primero que tuvieran delante, pero les daba rubor escribirla. Exactamente al revés que los ingleses. Todo eso ha cambiado. Las memorias de españoles de la más variada especie han saturado las librerías, y la fecha que produce la ruptura con la tradición es la Guerra Civil y el exilio. Hay tal cantidad de autobiografías de personajes de lo más variopinto desde 1939, que a veces uno sugeriría que mejor las dedicaran a sus nietos, o biznietos, y así nos evitábamos los insufribles retratos de manifiestos impostores. Podría poner nombres pero LEER MÁS

La derrota de los cinco años

La doctora era de una especialidad que no recuerdo, quizá neuróloga, porque yo había perdido fuerza en una de mis piernas y me pidió que hiciera unas flexiones. Mientras estaba comportándome como un paciente disciplinado, ella, que sabía que me dedicaba a eso de la escritura y los análisis, me preguntó: “¿Qué le parece lo que está pasando?”. Debía de ser a comienzos del 2009. Le respondí una de esas estupideces especialmente indicadas para grabar en bronce. (Me dejan perplejo los tipos que aseguran que no se arrepienten de nada y que no tienen nada de qué avergonzarse; hay tantas LEER MÁS

¡Qué alivio!

¿Hubo alguien con cierta capacidad mental, es decir, un ciudadano responsable ajeno al rebaño, que no sintiera alivio al saber que Madrid no iba a ser sede de los Juegos Olímpicos? Entendámonos. Un país en quiebra, con unos partidos políticos convertidos en competidores de los servicios de recogida de basuras, con una juventud en estado de desahucio y sin necesidad de tener vivienda, literalmente desesperada, una economía donde se manipulan datos y se exhiben 31 individuos que han dejado unas listas del paro que alcanzan a varios millones y que ¡anuncian un cambio de tendencia! Los que se deslizaron por LEER MÁS

¿Tan idiotas nos creen?

Me acuerdo de un paquete de cartas amarillentas, atadas con un lazo, que a escondidas y aprovechando alguna ausencia de mis padres, iba leyendo sin enterarme mucho. Las había enviado el tío Gregorio desde el campo de trabajo de Boghari, en la Argelia francesa, donde le habían desterrado. Debían de ser de los años 1942-43 y yo no había nacido.

Libros imposibles (y 4). ’1913′

Los libros de autoayuda son fundamentales para estabilizar nuestra sociedad. Primero porque consolidan el mundo de los simples y ésta es una misión de alto valor social. ¿Se imaginan que una sociedad, donde el número de frustrados alcanza cotas más altas aún que el de parados de larga duración, no hubiera un recurso, un sucedáneo, que te ayudara a convivir dignamente con tus limitaciones? Ya sé, ya sé, que está el fútbol, pero ésa es una actividad gregaria.

Libros imposibles (3). In memóriam

Los editores son gente muy rara, pero los autores debemos tener la precaución de no decírselo nunca, porque no reaccionan bien. Detrás de todo editor hay dos personas distintas y un solo dios verdadero. Inevitablemente el dios se llama adelantos, mercado, comercio, competencia, promoción, rentabilidad… Tiene muchos nombres y un único sentido: si no consigue vender los libros que contrata y las librerías hacen como si no existiera, en muy poco tiempo dejará de ser un editor para convertirse en un incompetente.

Libros imposibles (2): ‘Casarse’

Me cuesta imaginar este libro colocado en las atiborradas estanterías de uno de esos lugares pequeños que hay en las estaciones y en los aeropuertos, auténticos sex shops de la cultura, y encontrarse allí un libro que se titula Casarse. No lleva prólogo de Eduard Punset, ese genio de la agudeza científica –“señor profesor, discúlpeme que le haga una pregunta difícil: ¿de verdad es inevitable que miremos el reloj?”–. Casarse. ¿Un manual de incitación al matrimonio, estilo Rouco Varela, ansioso como estoy de que la Divina Providencia le anime a formar pareja y se le quite ese aire de mal LEER MÁS

Libros imposibles (1). M. Corona

Ahora que las librerías dignas de tal nombre parecen una especie de oenegé de la cultura donde una serie de voluntarios, con más moral que el Alcoyano, pelean por sobrevivir en un mundo de cuatreros que les suministran bosta de caballo bajo el nombre de “novedades editoriales”, hay que reivindicar un lugar para los libros imposibles.

Hannah Arendt, en cine

¿Quién demonios es, para nosotros, una dama por buen nombre Hannah Arendt, esposa de un tal Blücher, del que nosotros apenas sabemos nada fuera de la dedicatoria de El origen del totalitarismo? ¿Cómo enfocamos la figura de Hannah Arendt en una sociedad que no sólo vive en otra galaxia (ahora se denomina “burbuja”) sino que pertenece al terreno de la “alta cultura”? ¿Una película? ¿Dice usted una película?

Un español en Alemania

Esto de la patria –chica o grande– se está poniendo muy chungo. Lo de la patria grande alcanza el delirio. Imagínense alguien con espíritu temerario que se atreva a decir que ni se siente español, ni catalán, ni vasco, ni nada de nada, como no sea jodido ciudadano del mundo. Pertenezco, o eso creía, a una generación escasamente preocupada por los símbolos, las banderas, los himnos y demás utensilios de la chamarilería patriótica. Eso se acabó y me temo que para mucho tiempo. Lo mismo que aquel referente magnífico que nos dio el gran Samuel Johnson durante la Ilustración: “El LEER MÁS