En los años setenta, cuando yo era niño, un héroe recorría los caminos por tierra, por mar y hasta por aire –lo cual tenía mucho mérito, teniendo en cuenta que era un caballero medieval que había estado combatiendo en las Cruzadas, allá por el siglo XII– luchando contra las injusticias y defendiendo a los débiles, como bien manda el código de la Caballería, frente a los abusos de los poderosos. Era el Capitán Trueno. Le acompañaban sus amigos Crispín y Goliath, y tenía una novia sueca –la reina Sigrid de Thule– como las que soñaban los españolitos varones de la LEER MÁS